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El Giro: Romance lésbico de espionaje (Tapa blanda) ¡Resérvalo ya! Disponible el 16 de diciembre.

El Giro: Romance lésbico de espionaje (Tapa blanda) ¡Resérvalo ya! Disponible el 16 de diciembre.

Primer libro de la serie El arte del engaño

Regular price £15.99 GBP
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PRIMER LIBRO DE LA SERIE DE ROMANCE LÉSBICO DE ESPIONAJE ART OF DECEPTION.

Un romance lésbico de espionaje donde el deseo prohibido, los secretos mortales y una misión de alto riesgo pueden cambiarlo todo.

Ha seducido a diplomáticos, espías y asesinos. Pero esta vez, el juego podría volverse en su contra.

Suzette, una antigua agente rusa, ha dejado atrás el mundo de las sombras para construir una vida más tranquila en su viñedo de la Provenza junto a su esposa, Amber. Pero la paz es frágil y el pasado nunca desaparece del todo.

Cuando Yelena Federova, su antigua rival y amante, aparece con una propuesta imposible de rechazar, Suzette se ve arrastrada de nuevo a un mundo al que juró no regresar jamás.

La misión es sencilla.

Acercarse a la doctora Nora Pelletier, una brillante multimillonaria del sector tecnológico cuyo revolucionario avance en inteligencia artificial podría alterar el equilibrio del poder mundial.

El plazo no lo es.

Seis semanas.

El precio del fracaso: perderlo todo.

Porque esta no es una misión cualquiera.

Es personal.

A medida que Suzette se adentra en el mundo de Nora, la seducción se convierte en estrategia y la estrategia, en algo mucho más peligroso. Los límites se desdibujan. Las lealtades se resquebrajan. Y la conexión entre ambas empieza a parecerse menos a una misión y más a un riesgo que Suzette no puede permitirse correr.

Porque el deseo nunca es neutral.

Y en un juego construido sobre el engaño, la verdad puede convertirse en el arma más peligrosa de todas.

Tropos y temas

  • Romance lésbico de espionaje

  • Suspense romántico sáfico

  • Romance lésbico de desarrollo lento

  • Atracción prohibida entre mujeres

  • Personajes lésbicos moralmente ambiguos

  • Espionaje, secretos y traiciones

  • Romance lésbico de alto riesgo

Este libro es para ti si te gustan:

  • Los thrillers de espionaje protagonizados por mujeres fuertes y peligrosas

  • La atracción prohibida y las emociones intensas

  • Los romances de alto riesgo donde nunca se sabe en quién confiar

  • Las historias lésbicas centradas en personajes complejos, llenas de tensión y giros inesperados

Si buscas un romance lésbico de espionaje lleno de tensión, peligro y una conexión que desdibuja los límites entre la misión y la obsesión, El giro te ofrece una historia apasionante, cargada de intriga, que no querrás dejar de leer.

Continúa la serie de romance lésbico Art of Deception

Si te gustan los romances lésbicos de alto riesgo, llenos de peligros, secretos y una tensión romántica que crece lentamente, continúa la serie con:

Cada libro explora el poder, el engaño y el precio de elegir el amor en un mundo construido sobre mentiras.

⭐⭐⭐⭐⭐ «¡No camines, CORRE a por este libro! ¡El giro es oficialmente mi lectura favorita del año! Está repleto de acción, tensión y toda la pasión sáfica que puedes esperar de Ruby Scott».

Saber Más

Suzette fue el arma más peligrosa de Moscú, una antigua espía que convirtió la seducción en un arte. Ahora disfruta de una vida tranquila en la Provenza junto a su esposa, Amber, hasta que una rival y antigua amante la arrastra de nuevo a un juego mortal de espionaje y deseo.

Su misión: seducir a la doctora Nora Pelletier, una brillante multimillonaria cuyo revolucionario avance en inteligencia artificial podría alterar el equilibrio del poder mundial.

La recompensa la seguridad de su familia y la verdad sobre su propio pasado.

Pero cuando la pasión se convierte en obsesión, Suzette descubre que el enemigo más difícil de vencer podría ser su propio corazón.

El giro es un apasionante thriller de espionaje lésbico donde el amor y la traición se entrelazan.

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Especificaciones del Libro:

Descripción Completa:

Ha seducido a diplomáticos, espías y asesinos. Sabe adelantarse a cualquiera. Pero esta vez, el juego podría volverse en su contra.

Temas y Tropos

Pasión intensa



Protagonista moralmente ambigua



Thriller de espionaje



El regreso de una antigua amante



De enemigas a amantes



Atracción prohibida



Secretos y traiciones



Cuenta atrás de alto riesgo

Capítulo Uno - Vista Previa:

Capítulo uno
Escuela Secundaria Estatal n.º 47 de Moscú, 15 de noviembre de 1993
La sala de profesores de la Escuela Cuarenta y Siete huele a sudor y a décadas de desesperanza impuesta por el Estado. La nieve azota las ventanas y se acumula contra los cristales, como si intentara aislarnos del resto del mundo. Los radiadores chirrían y apenas desprenden calor, pero la piel de Anya arde bajo mis manos.
Sus labios saben al bálsamo de fresa que consiguió traer a escondidas de casa de su prima en Berlín. Sus dedos se enredan en mi pelo mientras la aprieto contra la estantería. Pushkin y Dostoyevski contemplan nuestra pequeña rebelión desde sus lomos descoloridos.
—Aleksandra —susurra contra mis labios—. ¿Y si viene alguien?
—Las clases terminaron hace una hora. —Deposito besos impetuosos sobre la delicada piel de su cuello y le arranco un gemido. Su olor, una mezcla de jabón rancio y hormonas adolescentes, hace que el corazón me lata más deprisa—. Ahora este lugar está muerto. No queda nadie. ¿Crees que los profesores se quedan aquí más tiempo del estrictamente necesario?
Se arquea contra mí. Esto es lo que quiero. Esta intensidad. Este desenfreno. Me llena la cabeza y no tiene nada que ver con la política, con comportarse como es debido ni con los chicos que revolotean a mi alrededor con su patética devoción.
Esto.
Anya jadea cuando mis dedos se deslizan por debajo de su ropa interior, recorren la suavidad de su piel y el vello delicado hasta introducirse entre sus labios. Ya está hinchada a pesar de sus protestas. La he tocado suficientes veces para saber cuánto desea esto, y gime junto a mi oído mientras busco torpemente su clítoris, la llave que abre sus piernas. En cuanto lo hacen, avanzo un poco más para tocarla de verdad, para deslizarme dentro de ella. Sus párpados se cierran y yo también jadeo al sentir cómo su húmedo calor me aprieta con fuerza. Introduzco más los dedos y vuelvo a sacarlos, repitiendo el movimiento una y otra vez, deleitándome con lo caliente y pegajosa que consigo ponerla. El clítoris me palpita de excitación con tanta intensidad que es como si me estuviera tocando a mí misma. La última vez se corrió sobre mis dedos y la obligué a lamerlos. Después no me lavé la mano en todo el día.
Su peso se hace mayor bajo mi muñeca y sé que le flaquean las rodillas. Lo sé porque ella misma me ha explicado que así es como se siente. Anya nunca me toca. Solo yo le doy placer y, después, ella observa cómo me lo doy a mí misma.
Pero hoy no puedo esperar. Meto la mano bajo mi falda y la deslizo más allá de la ropa interior húmeda. Gimo cuando mis dedos descubren lo hinchado que está mi clítoris. Me correré con fuerza mientras contemplo su rostro y mis dedos hacen su magia.
Nos correremos juntas.
La puerta cruje al abrirse detrás de nosotras.
Estoy a punto de ignorarlo. Nada debería detenernos ahora, no cuando estamos tan cerca. Pero los ojos de Anya se abren de golpe, llenos de terror, y reconozco esa mirada. Ese miedo primitivo, como el de los ciervos que cazo con mi abuelo. Ese instante en que comprenden que el cazador los ha encontrado. Saco las manos de debajo de nuestras faldas y me vuelvo despacio, interponiendo mi cuerpo entre ella y quienquiera que acabe de entrar.
El profesor de literatura, Arkady Petrov, permanece en el umbral como la muerte enfundada en un traje barato reglamentario. Una sonrisa se dibuja en su rostro delgado, una que hace que todos mis instintos griten peligro. Sus ojos analizan lo que están viendo sin ninguna prisa, consciente de que tiene las de ganar.
—Vaya, vaya. —Su voz es suave, casi untuosa—. Qué actividades extraescolares tan fascinantes tenemos aquí.
Anya se apresura a arreglarse la falda, con todo el cuerpo temblando. Yo ya estoy valorando todas las opciones para sacarnos de aquí. Una puerta. Una ventana, a tres pisos de altura. Ninguna otra salida.
—Señor Petrov. —Mantengo un tono respetuoso—. Ya nos íbamos.
—Ah, no lo creo. —Cierra la puerta tras él y la tapa del ataúd se desliza hasta encajar en su sitio—. Sentaos las dos. Tenemos que hablar seriamente sobre lo que constituye un comportamiento apropiado.
Anya se desploma en una silla como si las piernas hubieran dejado de sostenerla. Su rostro está más blanco que la nieve del exterior. Yo sigo de pie porque sentarme me parecería una rendición, y yo no me rindo.
—Aleksandra. —Su voz se endurece—. Siéntate. Ahora.
—Seguiré de pie.
Su sonrisa se ensancha y se vuelve más voraz.
—Por supuesto. Siempre has sido difícil, ¿verdad? Siempre creyéndote mejor que los demás.
Se acerca y sigo cada uno de sus pasos. Favorece la pierna izquierda. Una lesión antigua, probablemente de la guerra. Una debilidad que puedo aprovechar si esto acaba como creo que va a acabar.
—Sabes, llevo semanas observándolas. —Me obliga a retroceder hasta que choco contra el borde del escritorio. Miro por encima del hombro en busca de cualquier cosa que pueda utilizar para defenderme—. La forma en que se miran. Los roces. Las notas que se pasan. Es repugnante.
—No hay nada repugnante en…
—¡Silencio! —Su voz restalla como un látigo. Anya se sobresalta con tanta fuerza que casi se cae de la silla—. Yo hablo y tú escuchas. Así es como funciona esto.
Se cierne sobre mí como un depredador evaluando a su presa, mientras lanza alguna que otra mirada hacia Anya.
—Podría informar de esto a sus padres. A la dirección de la escuela. ¿Se imaginan lo que pensarían al descubrir que sus preciosas hijas participan en actividades tan… antinaturales?
El fuego que recorre mi cuerpo se convierte en hielo. Mi padre me mataría. No en sentido figurado. Me pegaría un tiro en la cabeza antes que permitir que lo avergonzara.
—Pero —continúa Petrov, bajando la voz hasta adoptar un tono que hace que se me erice la piel— podríamos llegar a otro tipo de acuerdo. Un arreglo privado entre los tres.
Está tan cerca que puedo olerlo: café, cigarrillos y el hedor de una triste desesperación. Aun así, extiende una mano hacia mi rostro con la seguridad de un hombre convencido de que ya ha ganado.
—Eres una chica hermosa, Aleksandra. Las chicas hermosas tienen oportunidades que las demás no tienen.
Sus dedos me rozan la mejilla. Permito que me toque y mantengo el rostro inexpresivo mientras calculo la cantidad exacta de fuerza que necesitaré para poner fin a esto.
—Podría enseñarte cosas —susurra, con el aliento caliente contra mi oído—. Cosas importantes. Cómo complacer debidamente a un hombre. Cómo demostrar gratitud a cambio de protección y discreción.
Su mano baja hasta mi hombro y después me agarra un pecho con brusquedad. Me quedo inmóvil cuando lleva la otra mano hacia el cinturón.
—Veamos qué sabe hacer esa boca tan bonita. —Sus dedos forcejean con los pantalones—. Esos labios carnosos…
La expectación forma gotas de sudor sobre su frente. Cuando por fin se libera, siento que me roza al presionarse contra mí.
—Veamos si sabes comportarte como debe hacerlo una joven decente.
Me muevo antes de que el pensamiento llegue a formarse.
El abrecartas que vi antes parece llamarme a gritos. Plateado, afilado, probablemente heredado por algún profesor de un pariente muerto hace mucho tiempo. Mi mano se cierra alrededor de él con un único movimiento fluido. Sin vacilaciones. Sin dilemas morales. Solo acción.
La hoja se hunde entre sus costillas de una sola estocada limpia. De su garganta escapa un sonido, mitad jadeo, mitad estertor. Abre mucho los ojos, primero por la conmoción y después por la confusión, como si no terminara de creer lo que acaba de ocurrir.

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