Arriesgando Corazones: Romance lésbico (Tapa blanda) Preventa ya disponible. A la venta el 23 de diciembre.
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Un romance lésbico slow burn de segundas oportunidades, con diferencia de edad
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LIBRO CINCO DE LA SERIE DE ROMANCE LÉSBICO HEALING HEARTS.
Un romance lésbico slow burn de segundas oportunidades, con diferencia de edad, una oficina demasiado pequeña para dos personas y cuatro años de cosas que ninguna de las dos se atreve a decir.
«Las dos sabíamos lo que era».
Fue la mayor mentira que había contado en su vida.
Margo Duran ha construido una vida que nadie puede arrebatarle. Lo ha hecho a propósito y podría explicar exactamente cómo.
Una casa llena de inquilinos que pagan el alquiler y se ocupan de sus asuntos. Un trabajo en una fundación de rescate animal de Denver, donde se le da muy bien acompañar el dolor ajeno y es completamente incapaz de enfrentarse al suyo.
Ninguno de sus compañeros de trabajo podría decir una sola verdad sobre ella. Y eso es exactamente lo que Margo quiere.
Pregúntale por Oregón y responderá con una broma.
Hace cuatro años, Margo hizo algo en el escalón trasero de una casa de la costa de Oregón que jamás le ha contado a nadie.
El miércoles pasado, aquello entró en el edificio y le estrechó la mano como si fuera una desconocida.
Nell Brown tiene veintinueve años, es cálida y mucho más valiente que Margo. Ha recorrido mil ochocientos kilómetros para aceptar un trabajo que no necesita.
Lleva cuatro años cargando con una pregunta.
No piensa hacerla. Preguntar es enseñarle a alguien dónde puede hacerte daño.
Así que trabajan.
Dos escritorios. Menos de dos metros de distancia. Un café a las once que ninguna de las dos está dispuesta a explicar.
Margo puede resistir el deseo que siente por ella. Lleva cuatro años practicando.
Para lo que no tiene ninguna defensa es para encontrar a alguien a su altura.
Ninguna de las dos será quien lo diga.
Una de las dos tendrá que ceder primero.
Narrada en dos líneas temporales, entre una casa grande y ruidosa de Denver y un tramo de la costa de Oregón envuelto en niebla, Arriesgando corazones es un romance de oficina grumpy sunshine sobre el duelo y la diferencia entre ser necesaria y ser amada.
Elogios para la serie Healing Hearts
«La escritura de este libro es tan buena que, sinceramente, me cuesta encontrar las palabras para describirla».
— Jenna, The Lesbian Review, sobre Corazones expuestos
Tropos y temas
- Romance lésbico de segundas oportunidades
- Romance lésbico con diferencia de edad
- Romance entre una mujer mayor y una mujer más joven
- Romance lésbico slow burn
- Romance lésbico grumpy sunshine
- Romance lésbico en el trabajo
- Romance lésbico de proximidad forzada
- Romance lésbico narrado en dos líneas temporales
- Romance lésbico de familia encontrada
- Romance lésbico emocional
Este libro es para ti si te gustan:
- Las mujeres que desvían todas las preguntas importantes con una broma
- Las segundas oportunidades entre dos personas que ya lo arruinaron una vez
- Las diferencias de edad en las que la mujer mayor es quien tiene miedo
- El dolor de trabajar junto a alguien a quien no puedes tener
- Las familias encontradas, tres inquilinos y una gata que odia a todo el mundo
- Los romances lésbicos centrados en los personajes y con verdadero peso emocional
Si buscas un romance lésbico slow burn de segundas oportunidades, con diferencia de edad, una oficina de la que nadie puede escapar y un final feliz garantizado, Arriesgando corazones te ofrece la historia de dos mujeres expertas en acompañar el dolor ajeno e incapaces de enfrentarse al suyo.
Escenas explícitas. Final feliz garantizado. Puede leerse perfectamente de forma independiente.
Continúa con la serie de romance lésbico Sanando Corazones
Si te gustan los romances lésbicos slow burn con profundidad emocional, procesos de sanación y conexiones intensas entre sus personajes, continúa la serie con:
- Rescatando Corazones
- Descubriendo Corazones
- Liberando Corazones
- Desnudando Corazones
Cada libro explora la resiliencia, la conexión y el valor necesario para elegir el amor.
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Perfecto para las lectoras de Harper Bliss, Lise Gold y T. B. Markinson. Descubre más en la página «Libros similares a los de Lise Gold y Harper Bliss».
⭐⭐⭐⭐⭐ «La química entre Margo y Nell es increíble. Cada mirada y cada conversación inacabada llevan consigo cuatro años de amor y dolor». ⭐⭐⭐⭐⭐ «Quería zarandear a Margo, proteger a Nell y encerrarlas juntas en una habitación hasta que por fin confesaran lo que sentían. Me encantó cada minuto».
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Un romance lésbico *slow burn* de segundas oportunidades, con diferencia de edad, de la galardonada autora Ruby Scott.
Margo Duran le mintió una vez a Nell Brown, en el escalón trasero de una casa de la costa de Oregón, y durante cuatro años se convenció de que había sido lo más sensato. Ahora Nell ha recorrido mil ochocientos kilómetros y ocupa el escritorio situado a menos de dos metros del suyo, pero ninguna de las dos está dispuesta a decir por qué.
Información de Envío del Libro Impreso:
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Especificaciones del Libro:
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Descripción Completa:
Descripción Completa:
«Las dos sabíamos lo que era». Fue la mayor mentira que había contado en su vida.
*Arriesgando corazones* es un romance lésbico *slow burn* de segundas oportunidades, con diferencia de edad, y el quinto libro de la serie de romance lésbico *Healing Hearts* de Ruby Scott.
Margo Duran ha construido una vida que nadie puede arrebatarle, y lo ha hecho a propósito. Una casa grande en Denver llena de inquilinos que pagan el alquiler y se ocupan de sus asuntos. Un trabajo en una fundación de rescate animal, donde se le da muy bien acompañar el dolor ajeno y es completamente incapaz de enfrentarse al suyo. Ninguno de sus compañeros podría decir una sola verdad sobre ella, y eso es exactamente lo que Margo quiere.
Pregúntale por Oregón y responderá con una broma.
Hace cuatro años, Margo hizo algo en el escalón trasero de una casa de la costa de Oregón que jamás le ha contado a nadie. El miércoles pasado, aquello entró en el edificio y le estrechó la mano como si fuera una desconocida.
Nell Brown tiene veintinueve años, es cálida y mucho más valiente que Margo. Ha recorrido mil ochocientos kilómetros para aceptar un trabajo que no necesita y lleva cuatro años cargando con una pregunta. No piensa hacerla. Preguntar es enseñarle a alguien dónde puede hacerte daño.
Así que trabajan. Dos escritorios, menos de dos metros de distancia y un café a las once que ninguna de las dos está dispuesta a explicar.
Narrada en dos líneas temporales, entre una casa grande y ruidosa de Denver y un tramo de la costa de Oregón envuelto en niebla, *Arriesgando corazones* es un romance de oficina *grumpy sunshine* sobre el duelo y la diferencia entre ser necesaria y ser amada.
Escenas explícitas. Final feliz garantizado. Puede leerse perfectamente de forma independiente.
Temas y Tropos
Temas y Tropos
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Capítulo Uno - Vista Previa:
Capítulo Uno - Vista Previa:
MARGO
Margo llegó a las seis y media y se encontró con las pruebas
de que otras dos vidas seguían adelante sin su permiso y con
su consentimiento pleno y a regañadientes. El pijama sani-
tario de Jacob colgaba de la barandilla de la escalera, el
granate, lo que significaba que había estado en la planta de
pediatría y dormiría hasta el mediodía, así que la aspiradora
tendría que esperar. La última manía de Nat, una caja de
cartón llena de frasquitos marrones etiquetados con su letra,
se había apoderado de un extremo de la mesa de la cocina; la
salsa picante había pasado a mejor vida, ahora tocaba un
sérum o un suplemento. Margo no había preguntado.
Había una taza limpia en la encimera, donde la había
dejado esa mañana para alguien. Una visita. Se le había olvi-
dado, y una mirada al reloj la puso a minutos de distancia.
Puso el agua a hervir para una desconocida. Nadie le
había pedido que construyera aquello, y ahí estaba, cons-
truido. Una casa grande que nunca había pensado llenar y
que había llenado igualmente, con gente que pagaba alquiler
y dejaba sus frascos en su mesa y secaba sus pijamas en su
barandilla y era, aunque ella no lo habría dicho en voz alta, lo
más parecido que tenía a una familia. Le caían bien. Habría
negado cuánto. Lo llevaba negando tanto tiempo que la
respuesta le salía lisa, gastada como el hueco en un escalón
de piedra viejo.
Sonó el timbre.
La nueva, una posible inquilina, quería hablar de energía.
No de la factura de la luz, que Margo podría haber discutido
durante una hora y con gusto. De auras.
Sasha, que así se llamaba, estaba de pie en mitad de la
cocina con el té que Margo le había preparado enfriándosele
entre las manos y explicaba que leía la energía de una casa
antes de comprometerse con una habitación. Otras personas
miraban si había humedades. Esta casa, dijo, tenía una
energía guardada. Una energía que retenía. ¿No le parecía a
Margo que las habitaciones daban la sensación de estar
vigiladas?
—Eso es el detector de humo. —Margo señaló con la
barbilla el disco de plástico del techo, con su pulso verde y
lento—. Hace eso. Siempre digo que voy a quitarle la pila y
después me acuerdo de para qué está.
Sasha le dedicó la mirada de una mujer que decide tener
paciencia con ella.
Margo se volvió hacia el fregadero y pasó un trapo por el
escurridor, que estaba seco, y cuadró el paño sobre el grifo
para que las esquinas colgaran a la misma altura. A su
espalda, Sasha había pasado a hablar del último sitio donde
había vivido y de un casero que le había retenido la fianza. Se
le venía encima y ella se quedó quieta y lo dejó llegar. Se le
daba bien plantarse en la trayectoria de alguien que necesi-
taba hablar. No le exigía nada más que estar ahí, y la libraba
de decir nada sobre sí misma, que era lo más parecido a una
afición que conservaba.
—Y lo peor —dijo Sasha— es que consiguió que la irrazo-
nable pareciera yo.
—Eso es lo que hacen. —Margo cogió un vaso del estante,
lo sacó brillo, lo devolvió a su sitio—. Los que te quitan algo
siempre necesitan que les des la razón, que se lo debías. Así
se ahorran sentirse ladrones.
Lo dijo sin esfuerzo. Hay un truco para acompañar a una
desconocida a lo largo de un agravio y ella lo tenía desde
hacía años. Le dabas la razón en los puntos adecuados y
mantenías las manos ocupadas para que no pareciera
esfuerzo. Nunca les hablabas de ti, y se iban diciendo qué
bien se había hablado.
—Eres muy fácil de hablar contigo —dijo Sasha, demos-
trándolo.
—Es un don —dijo Margo—. Hago bodas.
—Suena a mucho —dijo Margo, en el siguiente hueco que
se abrió—. El casero, digo.
—Era tóxico.
—Ya. —Margo levantó el hervidor, comprobó que pesaba
lo suficiente y lo volvió a dejar sin encenderlo—. Hay gente
que es una fuga que no consigues localizar. Dejas de buscar
por dónde entra el agua y pones un cubo y vives alrededor.
Se calló, porque aquello había salido hablando de otra
cosa que no eran las tuberías.
—Eso es muy zen —dijo Sasha.
—Es muy de Denver. Aquí todo acaba siendo un problema
de fontanería. —Margo le quitó de las manos el té frío y lo
dejó junto al fregadero. Sasha no se lo iba a beber nunca, y
una taza entre las manos hace que la gente se confiese—. La
habitación está arriba, a la izquierda. Es pequeña y la ventana
se hincha con este calor, así que la querrás abierta antes del
mediodía o no la abrirás. Compartirías baño con Jacob, que
trabaja de noche y es mejor persona que yo, y con Nat, que
tendrá tu vida entera para el viernes y querrá arreglarte algo
de tu habitación que no sabías que estaba roto. En el ático
hay también una estudiante de posgrado, pero no la verás
hasta octubre.
—¿Y tú?
—Yo soy la dueña del caos. No participo en él.
—No, quería decir… —Sasha ladeó la cabeza y se tomó su
tiempo para llegar—. ¿Tienes pareja? Es por la energía de la
casa. Por si hay una pareja dentro.
Pareja. La palabra se sentó a la mesa de la cocina y se puso
cómoda.
—Estoy yo —dijo Margo—. Y los internos. Y un perro que
técnicamente no es mío y que come mejor que yo. Es una
vida completa. Te sorprendería lo que cabe en un día cuando
dejas de intentar meter a otra persona importante dentro.
Sasha se rio. La gente solía reírse, y después pasaba a otra
cosa.
El anuncio llevaba puesto desde mayo. Cuatro habían
estado de pie en aquella cocina desde entonces y se habían
vuelto a ir sin llegar a ver las habitaciones, y Margo le había
echado la culpa al mercado cada vez. A Jacob le habían
bastado dos minutos y un vistazo al baño. Nat se había
metido a base de hablar a lo largo de una tarde y de una
ventana atascada que arregló antes de que nadie se lo
pidiera, y Margo se lo había permitido porque llevaba un
destornillador en el bolsillo de atrás y ella no tenía ningún
argumento preparado. Los demás recibían té y la puerta de la
calle, y nunca se daban cuenta de cuál de las dos había dicho
que no.
—Piénsate lo de la habitación —dijo Margo, llevándola
hacia la puerta.
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