¿Puedo Llamarte Ama? - Romance Lésbico Erótico (Tapa blanda firmada)
¿Puedo Llamarte Ama? - Romance Lésbico Erótico (Tapa blanda firmada)
NOVELA ERÓTICA DEL AÑO - Premios Lesfic Bard
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LIBRO UNO DE LA SERIE EL DESPERTAR DEL DESEO DE ROMANCE LÉSBICO ERÓTICO.
Un romance lésbico erótico slow burn sobre deseo, poder y entrega.
Era la profesora de piano de mi hermana… y mi fantasía prohibida. Diecisiete años después, haré lo que sea por poder llamarla «Ama».
Cuando la fotógrafa Abby Mason acepta a última hora un trabajo de producto para una web para adultos, espera una tarde incómoda y un pago rápido. Lo que no espera es encontrarse cara a cara con Victoria Fraser, la mujer que protagonizó cada una de sus fantasías adolescentes y que jamás consiguió olvidar. Victoria ya no es solo la misteriosa profesora de piano; ahora es la dueña segura y controlada de una marca para adultos en pleno auge… y la nueva clienta de Abby.
Lo que empieza como una sesión estrictamente profesional se convierte en algo mucho más peligroso cuando Victoria invita a Abby a un mundo de deseo cuidadosamente negociado, dominación y entrega. En el set y a puerta cerrada, la química es imposible de ignorar. Victoria empuja a Abby a reconocer lo que de verdad quiere —ante la cámara y en el dormitorio—, llevándola cada vez más cerca del borde de la rendición con cada orden.
¿Podrá Abby demostrar que es digna de llamar a Victoria «Ama», o sus fantasías de toda la vida seguirán fuera de su alcance?
Perfecta para lectoras de slow burn, esta novela lésbica erótica late con emoción y calor alto: un reencuentro con la antigua crush, hoy una dominatrix segura de sí misma que despierta el deseo sumiso de Abby. Con dinámica de poder intensa, payoff profundamente romántico y personajes al centro, este romance lésbico erótico explora el poder, la confianza y el valor de rendirse a la mujer que siempre has querido. Un romance sáfico que combina sensualidad y corazón.
Más de 3000 lectoras aman la serie El Despertar del Deseo.
Cada ejemplar está firmado personalmente por la autora e incluye una dedicatoria única escrita solo para ti. Tu libro se envuelve cuidadosamente a mano y se presenta en una caja de regalo con algunos pequeños detalles adicionales, haciendo que toda la experiencia se sienta tan especial como la historia misma, desde el momento en que llega hasta que pasas la primera página.
⭐⭐⭐⭐⭐ "¡La química está por las nubes, ardiente al máximo!"
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Cuando la fotógrafa Abby Mason acepta un trabajo de último minuto fotografiando productos para un sitio web para adultos, se queda atónita al descubrir que la propietaria es Victoria Fraser, su amor platónico adolescente. Lo que comienza como fotografía profesional rápidamente evoluciona hacia una exploración del deseo, la dominación y la sumisión mientras Victoria introduce a Abby a un mundo de posibilidades sensuales. Pero, ¿puede Abby demostrar que es digna de llamar a Victoria "Ama", o sus fantasías largamente guardadas permanecerán fuera de su alcance?
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Especificaciones del Libro:
Especificaciones del Libro:
Páginas: 88
ISBN: 9614622000426
Peso: 98g
Dimensiones: 127 x 5 x 203 mm
Descripción Completa:
Descripción Completa:
En este ardiente romance sáfico de combustión lenta, el mundo de la fotógrafa profesional Abby Mason se pone patas arriba cuando un trabajo de último minuto la reúne con Victoria Fraser, su antigua profesora de piano y amor platónico adolescente. Su diferencia de edad ya no importa ahora que ambas son adultas, pero la participación de Victoria en el estilo de vida BDSM le abre los ojos a Abby a posibilidades que nunca imaginó. Mientras se desarrolla su oportunidad de conexión, Victoria introduce a Abby a un mundo de dominación y sumisión, donde la confianza y el consentimiento son tan cruciales como el deseo.
Cuando Victoria deja claro que el título de "Ama" debe ganarse, Abby se encuentra atraída más profundamente hacia un viaje de descubrimiento sensual. Sus encuentros explícitos FF se vuelven más intensos mientras Abby explora su naturaleza sumisa bajo la guía experimentada de Victoria. Pero en este sofisticado romance lésbico, nada es simple. Victoria tiene estándares exigentes, y Abby debe demostrar que es digna de rendirse.
Lleno de pasión, tensión y el delicado equilibrio del intercambio de poder, "¿Puedo Llamarte Ama?" es una novela corta de erótica sáfica inolvidable que profundiza en lo que realmente significa confiar, someterse y, en última instancia, amar. Perfecto para lectoras que disfrutan su romance con una pizca de dominación y una gran dosis de corazón.
Temas y Tropos
Temas y Tropos
Diferencia de edad
La elegida
Kink/BDSM suave
¡Picante!
Capítulo Uno - Vista Previa:
Capítulo Uno - Vista Previa:
CAPÍTULO UNO
—No te lo pediría si no fuera necesario. Lo sabes, ¿verdad? —Matt tuvo un ataque de tos y Abby se estremeció al oír el sonido de los mocos a través del teléfono.
—Ya, ya lo sé —repitió ella, cogiendo un sobre de la pila de facturas sin abrir que había encima del microondas. Un residuo pegajoso se le quedó en la mano al coger el bolígrafo. —¡Joder, qué asco! —Sin soltar el bolígrafo, Abby se llevó la mano a la boca y se la lamió. Sí, definitivamente era miel. Qué alivio. Soltó un largo suspiro mientras golpeaba el bolígrafo contra la hoja de papel, esperando a que la tos de Matt remitiera. Y cuando lo hizo, no perdió tiempo.
—Vale. ¿Cuál es la dirección?
—Mill Farm Road en Aberdour. Bueno, no está en Aberdour, está a unos cinco minutos del pueblo —dijo Matt jadeando débilmente—. Te enviaré las indicaciones y las coordenadas por WhatsApp. Solo tienes que seguir la carretera hasta la curva. No tiene pérdida.
—Mm —como en la última sesión fotográfica en Glencoe, pensó, pero decidió callarse lo que pensaba sobre la capacidad de orientación de su amigo, o más bien su falta de ella. En ese viaje, Betty, su destartalado Renault Clio marrón, tuvo que ser abandonado a mitad de camino en sendero para ovejas. Eso sí, ser rescatada por la atractiva Lisa, una pequeña granjera con un potente quad había dado un giro positivo a su día.
—Le he dicho a Victoria que estarás allí a las nueve, lista para empezar.
—¿Ya lo has hecho?
—Abby, eres una puta estrella, lo sabes, ¿verdad?
Abby puso los ojos en blanco ante la pregunta habitual de Matt. Le costó varios meses desde que se conocieron darse cuenta de que no era una pregunta retórica, porque, por frustrante que fuera, si no respondía con un «sí» inmediatamente él seguía insistiendo. Lo que le hacía sentir una mezcla entre cariño y irritación.
—Sí, Matt, ya lo sé. Envíame la hoja de trabajo y la dirección y lo haré, pero me debes una gorda.
Abby estaba bastante segura de que Matt balbuceó algún agradecimiento más, pero no se quedó al teléfono más tiempo del necesario. La gente enferma no era lo suyo.
Al colgar, se inclinó hacia su bolsa de trabajo y sacó un bote de desinfectante. La gota transparente cayó sobre su palma con un sonido tranquilizador y se lo frotó por la piel, como si el virus de Matt pudiera haber pasado a través del teléfono.
La pantalla se iluminó con las instrucciones para el día siguiente. Tras pulsar en la pantalla apareció toda la información.’
Cliente: Victoria Fraser.
Dirección: Tigh Na Dànachd, Mill Farm Road, Aberdour.
Detalles: sesión fotográfica de productos para página web. Tema para adultos.
Abby arqueó las cejas. Esto era un poco diferente de las sesiones fotográficas de bodas con las que se ganaba la vida. Intrigada, siguió leyendo.
Se iban a añadir aproximadamente veinte productos nuevos a una tienda online ya existente. Sus dedos volaron por el teclado del MacBook y teclearon la dirección del sitio web: wetforwomen.co.
Abby se encontró cara a cara con un par de pechos bronceados y voluptuosos… Dada la proximidad y la posición de sus manos, estaba segura de que eran lesbianas.
Pasando el dedo por el panel táctil del portátil, Abby decidió que el favor que le estaba haciendo a Matt quizá no fuera tan difícil después de todo. Además, si no estuviera cubriendo la sesión fotográfica de Matt, pasaría el día editando imágenes de parejas enamoradas, radiando amor.
¡Uf!
Los pobres ingenuos no tenían ni idea de lo rápido que todo se derrumbaría una vez que se desvanecieran las mariposas del principio. Se despertarían una mañana y se darían cuenta de que ya habían alcanzado el tope, lo que los dejaría atrapados en un bucle por el resto de sus vidas. Al menos esa fue la razón que Katie dio para justificar el fin de su matrimonio. Ocurrió una mañana mientras desayunaban, con tal rapidez que el bol de Abby aún estaba caliente cuando la puerta se cerró de golpe por última vez. De eso hacía ya dieciocho meses, y Abby seguía sin poder conciliar la visión de Katie de un futuro sombrío y su propia ilusión por las vacaciones que habían reservado en Disney. Hasta el día de hoy, todavía no se había subido a la montaña rusa Seven Dwarfs Mine Train, y nunca había podido volver a probar la avena.
Wetforwomen.co ofrecía una línea de lubricantes con diferentes sabores, entre ellos «Jalapeño relleno». ¿Relleno de qué? Se preguntó, antes de distraerse con la elegante gama de consoladores de diseño. Eran recargables por USB. El tipo de juguetes que no necesitaban pilas ni una charla motivacional antes del gran partido… el tipo de juguetes que Abby aspiraba a tener.
¿Quizás la sesión de mañana era para una nueva gama? Abby miró su reloj. En exactamente once horas tendría la respuesta. Incluso podría tener la suerte de que le regalaran una muestra gratis, o dos. Dios sabía que le vendría bien una mejora. No un salto repentino a primera clase o incluso a clase business, salir de la bodega sería un comienzo.
—¿Dónde coño…? —Abby lanzó el suave cojín de terciopelo contra el sofá con frustración. La única ventaja de fotografiar bodas todas las semanas era que el equipo nunca variaba y podía reunir todo lo que necesitaba con los ojos vendados en menos de cinco minutos. Eso significaba media hora más en la cama, lo cual era crucial. Pero esa mañana, cuando la alarma, que estaba segura de haber puesto, no sonó —maldita Alexa y Bezos—, sus elegantes flashes bluetooth, los cuales nunca usaba, no aparecían por ninguna parte. No fue hasta que la caja con la etiqueta «Cables y mierdas» se volcó y derramó su contenido, que los vio en un rincón del armario empotrado, también conocido como el cuarto oscuro. No es que hubiera revelado una sola foto detrás de esa puerta, sino que lo llamaba así porque nunca se había decidido a poner una luz.
Diez minutos más tarde, se marchó. Betty chilló angustiada mientras Abby equilibraba el café y el teléfono a la vez que pisaba a fondo el acelerador del viejo coche. Sonó el molesto pitido de su teléfono tras recibir un mensaje de Matt.
Matt: Victoria te espera a las nueve. Por favor, dime que ya casi has llegado, o al menos que estás de camino.
Abby equilibró la taza de café en su regazo y pegó el teléfono al soporte magnético que cubría la rejilla de ventilación. Presionando el pequeño micrófono azul de WhatsApp, grabó una nota de voz.
—Sí, ya he salido —era cierto, había salido, pero no era necesario mencionar que aún no había llegado al final de su calle. — Estaré allí a las nueve. Vuelve a la cama. Estás enfermo, recuer… ¡Ay! —Golpeando el baden y derramando el café sobre su camisa blanca. El chorrito caliente que le resbalaba por los vaqueros y se acumulaba en su entrepierna haciéndolo una experiencia desagradable. En momentos como ese, Abby agradecía no beber nada caliente y optar por bebidas más bien templadas—. No pasa nada. Estoy bien. Ya casi llego.
Y así fue, exactamente noventa segundos antes de la hora. Un milagro, teniendo en cuenta que los edificios que tenía delante no aparecían en ningún mapa. Eran demasiado nuevos. Menos mal que Matt le había dicho que la entrada que tenía que buscar estaba en la primera curva de noventa grados, porque si no, se la habría pasado. Al final de la larga entrada de un solo carril había una serie de edificios agrícolas renovados, y Abby soltó un silbido largo y bajo al contemplar la magnitud del proyecto.
Debía de haberles costado una pequeña fortuna. Un rápido vistazo al interior de Betty, con las costuras deshilachadas y las fundas de terciopelo manchadas, hizo que Abby se estremeciera, sobre todo al accionar el chirriante freno de mano entre un Mercedes SUV y un Audi R8.
¿Quizás ya era hora de cambiar de coche? Ese Honda Civic de segunda mano que había visto online, con menos de cincuenta mil kilómetros, estaba casi dentro de su presupuesto y no estaba mal para ser un coche de cinco años, pero ahora no era el momento de pensar en eso. Primero, tenía que cambiarse.
Abrió la puerta chirriante de Betty y echó un vistazo rápido. El lugar estaba tranquilo. ¿Quizás demasiado tranquilo? ¿Se había equivocado de dirección? No había ningún cartel que confirmara el nombre de la propiedad. Solo las indicaciones de Matt por WhatsApp la habían llevado hasta allí. Sería prudente comprobar las coordenadas de Google… Pero antes de que su pulgar deslizara la pantalla de su iPhone, la parte derecha de la gran puerta doble de roble se abrió para revelar a una mujer alta y pelirroja, y a Abby se le cayó la mandíbula al suelo.
No. No puede ser.
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